La casa que me enseñó a mirar diferente

Durante muchos años ejercí la arquitectura de la manera en que nos enseñan en la universidad.

Aprendí a calcular estructuras, resolver circulaciones, diseñar espacios funcionales y encontrar respuestas técnicas para cada proyecto.

Y disfruté profundamente hacerlo.

Pero con el paso de los años empecé a descubrir algo que ningún plano podía explicar.

Había casas hermosas donde las personas nunca terminaban de sentirse bien.

Y también había viviendas sencillas en las que existía una paz difícil de describir.

Esa diferencia comenzó a despertarme muchas preguntas.

¿Por qué algunas casas abrazan y otras simplemente contienen?

¿Por qué ciertos espacios transmiten calma apenas cruzamos la puerta?

¿Por qué un ambiente puede inspirarnos y otro agotarnos?

Comprendí entonces que la arquitectura no termina cuando finaliza la obra.

La verdadera arquitectura comienza cuando una familia empieza a vivir ese espacio.

Cada amanecer.

Cada comida compartida.

Cada conversación.

Cada silencio.

Todo sucede dentro de un escenario que también influye sobre nuestras emociones.

Fue entonces cuando inicié un camino de búsqueda que me llevó hacia la Bioarquitectura.

Descubrí que la orientación del sol, la ventilación, los materiales, la vegetación, el paisaje, la energía del lugar y la forma en que diseñamos los ambientes pueden modificar profundamente nuestra calidad de vida.

Desde ese momento ya no pude volver a proyectar de la misma manera.

Hoy cada vivienda comienza con una pregunta muy distinta.

No pregunto solamente cuántos dormitorios necesita una familia.

Pregunto cómo quiere vivir.

Qué sueña.

Qué necesita sanar.

Qué momentos desea compartir.

Qué emociones quiere sentir cuando llegue a su hogar.

Porque estoy convencida de que una casa no cambia nuestra vida por ser más grande.

La cambia cuando está pensada para nosotros.

Después de más de tres décadas de profesión sigo aprendiendo en cada proyecto.

Y quizás esa sea la enseñanza más importante que me regaló la arquitectura.

Los planos construyen viviendas.

Pero escuchar a las personas construye hogares.

Bienvenidos a este espacio.

«Diseñar un hogar es un acto de responsabilidad y también de amor. Cada proyecto tiene el poder de mejorar la vida de quienes lo habitan.»
— Arq. Mirta Santamarina

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